Un fragmento de mi novela

Extracto de “La ley inmortal”, por Juan Alcover Aguilar

Verás, lo que aquel cabo me contó aquella noche fue que, por mandato divino, había dedicado los últimos quince años de su vida a aprender el arte milenario de matar dragones –dijo el comandante con voz pausada –El problema fue que nunca encontró un dragón. Y cuando aceptó la realidad y fue consciente de los quince años desperdiciados en convertirse en el mayor experto en cazar seres que no existían, se deprimió mucho -el comandante se reclinó de nuevo sobre su sillón de cuero viejo y preguntó -¿sabes qué hizo entonces?

-No mi comandante

-Intentó suicidarse. Y como era cobarde e ignorante, lo intentó atiborrándose a limones. Alguien le había dicho que los limones paralizaban las entrañas y adormecían la conciencia para siempre, así que compró dos kilos y se los comió a bocados en la playa, justo antes de anochecer.

El comandante aspiró una gran bocanada de humo y lo soltó muy despacio formando virutas frente a sus ojos. Se mantuvo en silencio durante varios minutos, esperando la reacción de Ángel.

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