El michelín

Mi mayoría de edad me ayudó a cambiar el autobús por el coche, el deporte por las cervezas y las camisetas ajustadas por los polos holgados. Y estos cambios trajeron un nuevo compañero de fatigas: el michelín

Hoy, después de criarlo durante casi veinte años, he decidido romper para siempre. “Esto se ha acabado”, le digo. “Basta de bollos, patatas fritas y cubatas”. Él no dice nada, se oculta detrás de las rodillas y el en interior de los muslos para que me confíe. Al cabo de unos días pienso, “¡estoy estupendo, ya está desapareciendo!” Y lo celebro con una ración de patatas bravas y una jarra de cerveza.

Una semana más tarde admito la dificultad de la dieta y decido buscar ayuda en la televisión. Poco después recibo un Sauna Matic con el libro “Menos grasa; más vida” de regalo. Para optimizar el tiempo, compro también Esculpadbomin y Fashion Line. Me regalan una tostadora sumergible y dos cocteleras con el rostro de Tom Jones en relieve. Después de un mes el michelín sigue creciendo y me ha salido una hernia que asoma bajo el ombligo.

“No se nota mucho”, me dice mi mujer. “Me hace más gordo”, contesto, y voy al médico.

-La hernia la operamos en un abrir y cerrar de ojos –me dice el doctor.
-¿Cuánto me va a costar? –pregunto.
-Lo cubre la seguridad social –explica. –Sólo tienes que pagar 15 euros de tasa de quirófano.
-Eso es nuevo –digo.
-Para financiar el agujero de sanidad.
-Bueno, 15 euros no es mucho –reflexiono y, tras dudar unos segundos, pregunto-. Por cierto, ¿sabes de alguien que pueda quitarme el michelín?
-Pues sí, yo puedo –dice-. Aprovechamos la operación de la hernia y te paso el aspirador.
-¿Cuánto?
-8.000 Euros –dice de memoria-. Y te puedo poner los abdominales de silicona. Así te ahorras el dinero del gimnasio.

Me entusiasmo ante la idea de salir con vientre de un modelo de calzoncillos, pero no lo exteriorizo para facilitar la negociación.

-Pero será una fortuna, ¿no? –pregunto con indiferencia.
-Por ser tú –explica-, y si te lo haces todo, te regalo los implantes y te cobro sólo la intervención. El total son 15.000, menos 3.000 de la silicona se queda en 12.000
-Más la liposucción –añado.
-Y las tasas –añade él.
-Me salen 20015 Euros –calculo moviendo los dedos.
-Más IVA –dice.
-Hecho –digo yo.

Un año después, los implantes se han movido hacia arriba empujados por el michelín recalcitrante.
“Yo te quiero igual”, me dice mi mujer, y se muere de la risa viendo los abdominales que tengo debajo del pezón izquierdo.

 

Juan Alcover-Aguilar, 1999

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